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9月10日 La mítica intérprete actuó en las fiestas de Valencia de Don Juan muy bien acompañada
Karina y Robin Hood recordaron la época ye-yé
Carlos Arévalo Ferro Con motivo de las fiestas veraniegas de la localidad castellano-leonesa de Valencia de Don Juan y con el inmenso castillo como testigo, Maribel Llaudés, más conocida como Karina llenó a rebosar la explanada de la iglesia. La actuación comenzó primero con el grupo musical Robin Hood, compuesto por legendarios músicos de los años sesenta que militaron en conjuntos como Pekenikes, Almas Humildes o Charcos. Después de los fuegos artificiales, la rubia de moda en la época de los guateques, hizo las delicias de los presentes interpretando los temas más conocidos de su repertorio como “Las flechas del amor”, “Romeo y Julieta” o “El baúl de los recuerdos”. Finalmente y tras ofrecer un recital de hora y cuarto de duración, se despidió acompañada por Robin Hood con “Tu serás mi baby” y “Oh, Carol”, canciones que tuvieron una gran repercusión en los sesenta. Tan simpática como siempre, dijo, “esta noche me acompaña Robin Hood y yo quiero sentirme como “Lady Marian”. Con una gran ovación del público, la artista andaluza se marchó escoltada hasta el coche debido a la masiva afluencia de espectadores que buscaban un autógrafo o una foto. Hay que recordar que después de tantos años, Karina es una de las artistas más queridas en España y hace cuatro años, demostró que conserva su popularidad al ganar el concurso televisivo "Vivo cantando", que rescataba a grandes figuras del pop español entre los que también se encontraban Micky, Tony Ronald o Braulio entre otros. La traca final del concierto, la puso Robin Hood, versionando majestuosamente temas en inglés y español de los grupos de rock and roll más punteros de aquella época como Los Brincos, Los Beatles o Los Rolling Stones. Julio Iglesias ofreció en el estadio José Zorrilla su único concierto en España
Valladolid se rinde a los encantos de Julio Iglesias
Carlos Arévalo Ferro Una noche veraniega y estrellada es el aliciente perfecto para disfrutar de una velada romántica. Y qué mejor para enamorarse que escuchar bellas canciones y encima interpretadas por el conquistador español número uno, Julio Iglesias. Seguro que con ese mismo pensamiento se presentaron en Valladolid, las miles de personas que medio llenaron el estadio José Zorrilla el pasado jueves. Dos horas antes de que comenzara el espectáculo, las inmediaciones del campo de fútbol pucelano se llenaban de fans de Julio Iglesias llegados de toda España. A las diez menos cuarto se abrieron las puertas y media hora después, y acompañado de siete músicos y tres coristas, apareció en escena, el artista más famoso del planeta con su elegancia habitual y una sonrisa de oreja a oreja. Habitual también fue su repertorio que comenzó con “Quijote”, una especie de tarjeta de identidad que suele abrir todos sus conciertos para continuar con sus grandes éxitos, “Me olvidé de vivir”, “La vida sigue igual” o “Manuela”. Un sonido magnífico y un micrófono prodigioso, lograron que Julio se metiera sin ninguna dificultad al variado público en el bolsillo durante las casi dos horas que duró el recital. El que fuera portero de las categorías juveniles del Real Madrid, cerró su actuación con un striptease de chaqueta, chaleco, corbata y camisa que provocó el entusiasmo de las mujeres presentes que comentaban la buena forma física que mantiene a sus casi sesenta y cuatro años. A pesar de que el público estaba ansioso por ver en directo a Iglesias, que hacía cinco años que no cantaba en España, apenas hubo diferencia con los conciertos que ofreció en el 2002. Tan sólo “Divorcio” y “El bacalao” fueron algunas de las nuevas canciones que cantó en directo.
Momento emotivo La desgraciada muerte de uno de los mejores tenores de los últimos cincuenta años, Luciano Pavarotti, coincidió en ese mismo día, y Julio no dudó en dedicarle la canción italiana "Caruso", que compuso Lucio Dalla inspirándose en la figura del italiano, y unas palabras para su amigo y compañero de profesión. “Voy a contarles una anécdota”, anunció: “Un día me llamó Luciano para pedirme que le prestara mi avión porque había perdido los vuelos para llegar a Sudáfrica y yo se lo dejé. Aunque el asiento se quedó un poco más grande, dijo en tono jocoso, aquel día el avión voló más alto”. El concierto, estaba patrocinado por las bodegas Pesquera, propiedad de Alejandro Fernández, una persona muy especial para Julio y su familia. El cantante adquirió personalmente el compromiso, hace veinte años, de ir a cantar a su tierra y por eso, éste ha sido un concierto exclusivo en nuestro país, ya que la gira no tenía prevista su parada este año en España. Seguidores de Julio y amigos como el propio Alejandro Fernández, el alcalde de Valladolid, León de la Riva, el presidente del Real Madrid, Ramón Calderón o Terelu Campos y su novio, fueron algunos de los presentes que tuvieron la suerte de poder saludar al mítico intérprete en el camerino.
Maltrato a la prensa La nota amarga de la noche la pusieron como de costumbre, el séquito de vigilantes de seguridad, maleducados e impertinentes, que rodean a Julio Iglesias. Todos los seguidores del cantante que no tenían pegatina identificativa para entrar en el camerino, decidieron esperarlo fuera. Lo que no se esperaban era que una veintena de escoltas sembraran la salida del artista de patadas, puñetazos y golpes que acabaron con varios periodistas en el suelo. El Mercedes gris que transportaba al cotizado cantante, a quien acompañaba el ex-futbolista del Real Madrid, De Felipe, no se detuvo ni un solo momento y flanqueado por los agentes de seguridad, abandonó las instalaciones del José Zorrilla, dejando a los fans con no muy buen sabor de boca. Todo el mundo sabe la simpatía que caracteriza a Julio Iglesias pero lo que él no debe de saber es a quién contrata para que le proteja, si admite un consejo, debería cesar a su secretario. |
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